Hoy vamos a conocer el mítico circuito de Clermont-Ferrand

Las carreras de Grand Prix fueron muy diferentes en los años sesenta y setenta en comparación con lo que es la F1 actual. Eran épocas de pilotos con pelo largo y patillas, y que solían quedarse de fiesta hasta altas horas de la madrugada la noche anterior a la carrera. Los coches estaban cubiertos de anuncios de cigarrillos y alcohol y los circuitos en los que corrían tendían a ser más largos y más rápidos que los que se utilizan hoy en día, y por lo tanto, no tan seguros.

Uno de esos circuitos se encontraba en el corazón de Francia, en la región de Auvergne, y era conocido como Clermont-Ferrand, un lugar montañoso que alberga una de las zonas volcánicas de actividad extinguida más importantes de Europa, un lugar único y perfecto para crear una pista sinuosa, retorcida y serpenteante que sube y baja con infinidad de curvas.

Fue diseñado a finales de la década del 50 por el piloto de carreras francés Louis Rosier (ganador de Le Mans en 1950), el circuito semipermanente de Clermont Ferrand, también conocido localmente como el Circuit de Charade, abrió sus puertas en 1958 y albergó el GP de Francia de F1 de las temporadas de 1965, 1969, 1970 y 1972, que ganaron Jim Clark con Lotus-Climax, Jackie Stewart con Matra-Ford, Jochen Rindt con Lotus-Ford y Jackie Stewart con Tyrrell-Ford respectivamente.

Fue construido en un entorno bellísimo, sobre carreteras preexistentes que rodeaban dos extintos volcanes llamados Puy de Charade y Puy de Gravenoir, por lo que la topografía era inusual por su propia naturaleza. Originalmente tenía 8.055 metros de extensión y muchos lo describen como una versión más rápida y divertida de Nürburgring. Stirling Moss opinó: «No conozco ningún circuito más bello que Charade».

Jackie Stewart, al que no se le conoce por exagerar los hechos, dijo del circuito: “es por mucho la mejor pista de Francia y uno de los cuatro circuitos más difíciles del mundo”. Con su falta casi total de rectas y las 48 curvas que tenía, se asemejaba más a una etapa de rally de asfalto que a un circuito de Grand Prix.

Era tan ondulado que ciertas zonas eran 100 metros más altas que otras, tanto es así que en las sesiones de práctica para el GP de Francia en 1969, Jochen Rindt, afirmó que padecía malestar y mareos debido a las fuerzas G a las que el circuito sometía a los pilotos, hasta el punto de que tuvo que retirarse cuando comenzó a tener visión doble. Denny Hulme, campeón del mundo de 1967, decía que los pilotos “usaban cascos abiertos así podían vomitar mientras circulaban por las bajadas”. Y no era broma.

El legendario periodista de F1 Denis Jenkinson en la revista Motorsport después del GP de Francia de 1972 lo describió así: “El circuito de Charade se encuentra entre los mejores y selecciona a los que pueden manejar de aquellos que solo intentan engañarnos“. Algo de razón tendría, ya que las cuatro carreras de F1 disputadas allí, fueron ganadas por tres campeones del mundo.

Los constantes problemas con las piedras volcánicas que caían en el circuito (que costaron al actual asesor de Red Bull, Helmut Marko, el tener que abandonar la práctica deportiva porque una de esas rocas impulsada por otro coche al pisarla, perforó su visor cegándole en un ojo) y el paisaje montañoso, al igual que el trazado de Nürburgring, que dificultaba el poder extender las zonas de escape, le costó a Charade perder el sitio en el calendario de F1.

Tras el GP de 1972, la pista se vio relegada a competencias como F3, Fórmula Renault, Tour de France Automobile, Sports / Touring Car Racing y Trophée d’Auvergne, la carrera local.

El trazado original se dejó de utilizar el 18 de septiembre de 1988; el récord de vuelta quedó en manos de Chris Amon, que en 1972 en una espectacular remontada luego de tener que parar por un pinchazo cuando era líder, rebasó 6 coches en una pista en la que era prácticamente imposible adelantar, finalizando tercero y logrando un crono de 2:53.9 minutos a un promedio de 166,75 km/h al volante del Matra MS120D, un tiempo asombroso considerando las casi 50 curvas del trazado. Una gran despedida de la F1 de esta pista única, respetada y temida por los grandes pilotos de la época.

Actualmente, no se puede hacer una vuelta completa debido a las barreras entre la pista actual y la carretera, pero el 60 o 65 % del antiguo circuito está formado por carreteras públicas, por lo que esa parte si se puede recorrer, eso sí, la carretera va a la derecha, luego a la izquierda, luego nuevamente a la derecha con una frecuencia vertiginosa, pasa a través de un bosque, sube, baja, vuelve a subir con importantes desniveles y al final de la vuelta, los frenos sacan humo… si alguien anda por aquí y se quiere dar una vuelta, le aconsejo tomárselo con calma o traerse un casco abierto…jajaja

A partir de 1989, la pista se acortó a 3.975 metros con 18 curvas, convirtiéndose en una pista permanente. Se inauguró con la realización de un GP histórico con la presencia de tres de los mejores pilotos del mundo: Jack Brabham, Stirling Moss y Juan Manuel Fangio.Recorriendo el antiguo circuito me imaginaba lo que sería hace 50 años conducir un F1 de 450 hp en esta pista donde un error te enviaba directamente contra las rocas de la montaña, a un barranco o a uno de los muchos árboles que rodeaban la pista.

Estoy convencido de que esto era solo para valientes… un circuito que requería magnitud testicular… vayan allí y verán por qué… mi admiración y respeto hacia ellos.

#DardoFernandezTorremare#ClermontFerrand#Charade

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