La historia de las carreras entre supersticiones, ritos y amuletos de la suerte.

La historia de las carreras entre supersticiones, ritos y amuletos de la suerte.

El automovilismo ha sido un símbolo de exaltación técnica e investigación de ingeniería desde sus inicios. Los hombres que mejoran las capacidades de los vehículos, son los pilotos, símbolos primero de coraje, luego de razonamiento aplicado a la competencia. Sin embargo, precisamente estos hombres aparentemente tan seguros de sí mismos, siempre han sido personas con grandes supersticiones que buscan en este tipo de rituales la seguridad para empezar una carrera o para afrontar esos momentos difíciles que se les puede presentar durante un Gran Premio.

Dentro del automovilismo los ritos o amuletos más conocidos a los que creían tanto como para sentir sus propias vidas vinculadas, suelen ser los del gran circo.La siguiente es una pequeña recopilación, entre lo trágico y lo gracioso, de algunas de las tradiciones más curiosas de los pilotos.

Las supersticiones y los ritos siguen hoy vigentes en la Fórmula 1, pero es una herencia que viene desde el fondo de la historia del automovilismo, cuando un veinteañero Enzo Ferrari terminó en un barranco con su Alfa Romeo P1 al perder el control cuando se le atravesó en la ruta un gato negro.


– A Tazio Nuvolari, una verdadera estrella de los años 30, le regalaron una pequeña tortuga dorada con la dedicatoria: «El animal más lento es el hombre más rápido». Desde ese día, cada vez que salía a pista, lo ponía en su camiseta amarilla.

– El menos supersticioso de la Fórmula 1 de los primeros años fue Juan Manuel Fangio. Temía, como todos sus colegas a los gatos negros, pero ese miedo se le fue tras ganar en marzo de 1951 el GP de Suiza. La noche anterior, recorriendo en un automóvil particular el circuito, había atropellado a un gato. Con su victoria del día después, archivó todo temor. También corría con una imagen del la Virgen de Guadalupe como símbolo de cuidado y buena suerte.

– Alberto Áscari le tenía pánico a los gatos negros, era ver uno y temía lo peor. Llevaba consigo un montón de amuletos, incluso un pequeño peluche de felpa que guardaba en un bolsillo e impedía que nadie lo tocase. Además, no conducía autos de carrera los días 26, porque su padre, corredor de los años 20, se había matado en un accidente el 26 de mayo de 1925 e idéntico destino, pero en carrera, sufrió el 26 de mayo de 1940 su mejor amigo, el piloto Silvio Vailati. Alberto Ascari, era muy aficionado a su ropa de carreras y sobre todo a su casco azul, sin el cual nunca salió a la pista. Sus amigos Villoresi y Castellotti lo invitaron a ver las pruebas que estaban realizando con un Ferrari 750 Sport, Ascari de traje y corbata, se presentó en el Autódromo de Monza para asistir a las primeras pruebas y al final de la sesión no supo resistir a la tentación y les hizo una petición: ponerse al volante por unas vueltas. Se sacó la chaqueta y pidió a su colega Castellotti su casco y sus antiparras, se dispuso a entrar en el habitáculo, sin guantes y sin su querido casco azul. Dio tres vueltas y en la curva del Vialone por razones que nunca se despejaron, el auto patinó, volcó y aplastó al conductor, matándolo al instante. Esa curva hoy se llama Ascari.

– Alfonso De Portago estaba desayunando en el hotel donde se alojaba para participar en la Mille Miglia al volante de un poderoso Ferrari 335S oficial con el periodista estadounidense Edmund Gurner Nelson a su lado. La taza de té con leche se le cayó y esto lo perturbó, ya que en España ese inconveniente se lee como un signo de fatalidad inminente. Por la tarde en plena competencia, De Portago fue víctima de un accidente causado por la falla de un neumático y murió instantáneamente junto con Nelson y 9 espectadores.

– A mediados de la temporada de 1971, Pedro Rodríguez era un piloto de referencia a nivel mundial. Durante una escala en un aeropuerto en los Estados Unidos, perdió el anillo de su hermano Ricardo, del cual nunca se separó desde el día de su muerte. Estaba convencido de que el anillo lo protegería cada vez que se subía al auto. Pedro olvidó el anillo donde se había lavado las manos, volvió a buscarlo pero ya no lo encontró. Hizo una copia, pero dijo a los periodistas que no era lo mismo, que ya no sentía la presencia de su hermano. El 11 de julio, participó en la carrera Interserie en el circuito de Norisring, una carrera en la que el mexicano era la «estrella», pero un accidente, cuya causa nunca quedó clara, acabó con su vida.

– Poco después del final de la primera sesión de entrenamientos libres para el GP de Canadá de 1979, Niki Lauda habla con el jefe de Brabham, Bernie Ecclestone y le dice que ha decidido dejar de correr. Bernie en ese momento debe encontrar rápidamente un reemplazo, ofrece la posibilidad al argentino Ricardo Zunino, pero Zunino no tiene la equipación, Niki le da todo lo suyo, excepto los zapatos debido a los diferentes tamaños. En el momento de vestirse, surge la sorpresa, en el interior de cada dedo de los guantes de Lauda, ​​Ricardo encuentra una moneda, como una forma supersticiosa de quien se llamaba piloto-computadora. O, como decían sus detractores, una forma de devoción a lo que más amaba Niki, el dinero.

En 1991, Riccardo Patrese conducía el competitivo Williams FW14 que estaba dando victorias a su compañero Mansell y a él solo decepciones en forma de varios problemas técnicos. Un día en un programa de TV expresó su preocupación al hipnotizador e ilusionista Giucas Casella, quién propuso a Patrese entrelazar los dedos y le dijo: «ganarás la próxima carrera, porque te lo digo, entiendes: ganarás porque te lo digo. Solo tienes que seguir este ritual», no por convicción, sino porque había poco que perder, Riccardo acordó llevar a cabo el procedimiento recomendado por Casella, en la siguiente cita en Portugal, Patrese ganó la carrera y dijo: «Y yo que he perdido años de vida para poner los coches a punto y discutir con los técnicos, hice caso a Giucas y gané»…

– Varios son los de las estampitas religiosas en sus monoplazas…

Por ejemplo en los años 80, Piercarlo Ghinzani guardaba una tarjeta sagrada de Juan XXIII a quien confiaba su salvación en las curvas.
Jean Alesi siempre salió a la pista con un santino en su casco, siguiendo una larga tradición para los pilotos vinculados a imágenes sagradas.
El mexicano Sergio Pérez, dentro de su monoplaza lleva consigo una foto del difunto Papa Juan Pablo II. pues asegura que tiene una gran conexión con él desde que lo conoció en el 2000 y pudo darle la mano.
Robert Kubica competía con una estampa de Juan Pablo II en el interior de su monoplaza, tras su fuerte accidente en el GP de Canadá, el Vaticano investigó el posible milagro que había obrado el Papa para salvar su vida.
Pedro de la Rosa siempre pegaba con cinta americana en interior del cockpit, un sello de una virgen que su tía le trajo de Lourdes y que siempre ha ido con él, además entraba con el pie derecho en el coche.

– Otro gran tema es el de los números…

En Ferrari está prohibido el número 17 desde que en 1923, con ese número, perdió la vida Ugo Sivocci, el mejor amigo de Enzo Ferrari.

El 13, rechazado por todos unánimemente, es una tradición intacta durante décadas, la regla no escrita decidieron romperla: Mauritz Von Strachwitz (1953, GP de Alemania, Lancia V6, 1 carrera, no clasificó), Moisés Solana (1963, GP de México, BRM P57, 1 carrera, abandonó), Divina Galica (1976, British GP, Surtees TS16, 1 carrera, no clasificó) y Pastor Maldonado (2014 y 2015, Lotus E22/E23, 38 carreras plagadas de accidentes, penalizaciones y retiros).
Fue cuando Bernie Ecclestone decidió dejar a los participantes del Mundial en libertad para que cada uno eligiese el número que más le gustase.
No faltan las cábalas numerarias en el team Mercedes. A Lewis Hamilton le tocaba el número 1, por haber sido el campeón mundial, pero renunció al mismo para elegir el 44, que era el que utilizaba en sus inicios, cuando corría en kart.
Su compañero en ese momento, Nico Rosberg, eligió el número 6, que era el que llevaba su padre Keke cuando ganó el Mundial.
Los pilotos intentan evitar todo lo relacionado con los números 4 y 9 cuando se encuentran en China o Japón, en esos países, esos números son considerados los de la mala suerte.

– En materia de indumentaria, los ritos abundan.


Uno de los cabuleros era Ayrton Senna, el brasileño respetaba rigurosamente algunos sortilegios. Uno era no cambiar sus viejos guantes, que había empezado a utilizar en sus primeras carreras como piloto de Toleman. Se lo puede ver en numerosas fotografías con esos guantes deshilachados, sucios y con los dedos afuera. Inexplicablemente, no respetó el ritual en el GP de San Marino de 1994. Tanto en las pruebas como en aquel trágico domingo utilizó los guantes azules del team Williams. Y todos sabemos muy bien lo que le pasó en Tamburello.
Kimi Raikkonen lleva utilizando durante años los mismos calcetines para el día de la carrera, a los cuales los trata como si de fuesen de oro y él mismo los lava cuidadosamente en la habitación del hotel.

Jacques Villeneuve, vestía un buzo antiflama dos tallas más grande.

Alexander Wurz, en una carrera de F3 tomó prestada una bota de un tamaño más grande porque tenía un pie lesionado y no podía usar la suya, la bota no solo era de distinto tamaño sino también de un color diferente. Wurz ganó la carrera con una bota roja y otra azul, manteniendo desde ese momento la tradición de dos tonos, todo salió bien hasta que llegó a McLaren, cuando Ron Dennis impuso un calzado negro idéntico en ambos pies. De mala gana Alex tuvo que aceptar, pero desde ese momento parecía que todo le empezó a salir mal. Primero sufrió un robo en su departamento en Mónaco, luego coleccionó salidas de pista y accidentes. Posteriormente continuó su carrera en Endurance, obviamente con una bota roja y otra azul.

David Coulthard siempre corría con unos calzoncillos azules que le había regalado su tía, hasta que después de un accidente se los tuvieron que cortar para curar sus heridas. Desde entonces siempre los llevaba en la maleta acompañados por varios tréboles de cuatro hojas y alguna que otra imagen de santos.

Felipe Massa si realizaba una buena crono, utilizaba los mismos calzoncillos para la carrera del domingo.

El piloto australiano Alan Jones, siempre utilizó los mismos calzoncillos color rojo en cada carrera.

Nico Rosberg utilizaba las mismas botas si la anterior carrera le había salido bien.

Y Sebastian Vettel calzó siempre durante su permanencia en Red Bull, las mismas botitas negras que había usado en su debut en el GP de Estados Unidos de 2007 con Toro Rosso. Solo las archivó, por razones publicitarias, cuando en 2015 pasó a Ferrari. Vettel, en la actualidad, es tal vez el de más variado repertorio de supersticiones. Pone un amuleto debajo del casco y otro de San Cristóbal, patrono de los automovilistas, que le regaló su abuela y que comenzó a llevar en el pie derecho tras haber salido indemne de su accidente en el GP de Turquía de 2011.
Además, en un diminuto monedero con forma de cerdito, conserva una moneda de un dólar y otra de un penique que encontró antes de su debut en Estados Unidos. En el box convive junto a los miembros del equipo un peluche que lo acompaña desde que competía en karting.

Michael Schumacher, subía al auto del lado izquierdo. Y en el año 1999, tras su despiste en Silverstone que le causó la fractura de una pierna, decidió archivar su casco que tenía los colores de la bandera alemana, comenzó a utilizar uno rojo y ganó cinco mundiales consecutivos. Además, nunca prescindía de una medallita regalada por su esposa y sus hijos, la cual se olvidó una vez en el hotel, haciendo que un mecánico fuese a buscarla antes de la carrera.

Fernando Alonso tenía numerosas manías, entre ellas la de ponerse la bota derecha antes que la izquierda.

– Ha habido también cábalas que oscilan entre lo erótico y lo audaz.


Nigel Mansell, antes del GP de Brasil de 1989, fue entrevistado por una voluminosa periodista italiana, entre risas y bromas, Mansell le tocó un pecho. Después, en el que era su debut con Ferrari, resultó ganador. Y Mansell conectó este suceso con su atrevido toque a la dama italiana. La carrera siguiente era el GP de San Marino en Imola. Mansell buscó insistentemente en el paddock a la que había sido su interlocutora, para repetir la operación. Lo increíble es que lo secundaba su esposa Roxanne, quien al fin la encontró y le informó lo que su marido necesitaba “con urgencia”. La periodista dio su consenso, permitió una nueva caricia, pero el rito no funcionó, ya que el inglés abandonó. Pero no se dio por vencido y lo repitió en los dos Grandes Premios que siguieron, Estados Unidos y Canadá, siempre con el mismo resultado negativo, sendos retiros. Recién después de Montreal, y viendo que la placentera liturgia no funcionaba, decidió archivarla.


Gerhard Berger, conocido bromista y admirador del encanto femenino, al subir al monoplaza seguía una sucesión precisa de actos: un toque a las gónadas antes y un gesto de cuernos en el volante después. Para atraer buena suerte, él también solía «acariciar» los glúteos de una dama que pasaba antes del comienzo. Afortunadamente, alguien de Ferrari lo detuvo a tiempo en la parrilla de salida del GP de Europa de 1993 en Donington cuando la elegida era una hermosa mujer rubia que saludaba a todos los pilotos. Era la esposa del heredero al trono de Inglaterra, Lady Diana Spencer... Era conocido como un “mano larga” en la grilla de partida.


Habría muchas más anécdotas para contar y quién sabe cuántas otras son desconocidas para nosotros. Unas y otras hacen la historia…
#DardoFernándezTorremare #Supersticiones

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