En Mónaco 2004, ‘Los diamantes NO son eternos’

En Mónaco 2004, ‘Los diamantes NO son eternos’

Gran Premio de Mónaco del año 2004, en aquel momento se estrenaba en cines la película Ocean’s Twelve, una peli con un enorme reparto de estrellas que no se quisieron perder la oportunidad de visitar el Principado para degustar un poco del glamour que acompaña a la F1.

El equipo Jaguar Racing fue seleccionado para promocionar la película y ‘muñecos’ de la talla de George Clooney, Brad Pitt o Matt Damon participaban del acuerdo de promoción de la película que Warner Bros firmó con el equipo Jaguar (actualmente Red Bull).
Así, los Jaguar R5 pilotados por Mark Webber y Christian Klien fueron decorados para la ocasión con partes con el color rojo de la película.

Peeeero, a uno de los creativos de la campaña se le ocurrió la «brillante» idea de incrustar dos diamantes, de la colección Steinmetz, valorados en 300 mil dólares cada uno, en los R5.

Los Jaguar R5 fueron las estrellas de aquel fin de semana y todos los medios estaban a los codazos para tener las imágenes de unas presentaciones mas exóticas y arriesgadas de la historia de la F1.

Colocar un diamante en la nariz de un Fórmula 1, en un circuito complicado y proclive a los accidentes, no era una opción muy lógica, pero el glamour de Monte Carlo pudo más que el sentido común.

Según se supo luego, estos diamantes fueron cedidos por la firma israelita Steinmetz y, sin poder saber demasiados datos del contrato, se comenta que ninguna compañía quiso asegurar dichos diamantes.

Entonces… tenemos: dos coches de carreras, rodeados por otros 20 autos más, teniendo que girar durante 78 vueltas alrededor de un circuito tortuoso, el circuito más difícil del mundial y que tiene preparado un incidente en cada centímetro de su trazado…

¿Que podría malir sal? digo ¿Qué podría salir mal?

Webber largó desde la duodécima posición pero la transmisión de su coche solo resistió 11 de las 78 torturantes vueltas, Klien partió 14°, tres posiciones por delante del Jordan de Nick Heidfeld; luego de pasar la curva del Casino, Heidfeld circulaba por delante del austríaco, cuando sobrevino el toque Klien no consiguió doblar la curva del hotel, la más lenta de todo el calendario y se embarra a sólo 50 Km/h contra el muro de neumáticos de la mítica curva de Loews a bordo de su Jaguar R5 con la piedrita en el morro.

Y la ocasión hace al ladrón, lo inevitable ocurrió… nunca se supo cómo y cuando, pero desde que el piloto se baja, los comisarios acceden a la pista a retirar el coche, lo enganchan en la grúa, los fotógrafos se aproximan al coche… algo pasó, y el diamante de 300.000 dólares desapareció.

Encima que, debido a los estrictos controles que exige la organización de Mónaco durante los días afectados a la carrera, el equipo Jaguar no fue autorizado a acceder al lugar para buscar el diamante hasta dos horas después de finalizado el Gran Premio.

No es necesario contratar a un guionista para escribir ésta historia, al instante del choque, la piedra preciosa ya se encontraba a miles de Km del Principado… El propio Nav Sidhu, portavoz de la escudería, comentaba que ‘cuando el incidente ocurrió posiblemente debía estar preocupado por el coche o por el piloto. Pero tengo que admitir que en aquel momento sólo pensaba en que alguien encontrase el diamante’.

A partir de aquí todo son especulaciones y leyendas urbanas, mucho biribiri y sarasa sobre lo que ocurrió con el diamante del Jaguar.

Es en cierta parte lógico que para cuando el monoplaza llegó a los boxes del equipo el diamante ya no estaba pegado en el trompa rota del coche, pero nadie sabe en qué momento desapareció. Es cierto que el coche impactó contra los neumáticos, pero el diamante estaba pegado con pegamento marciano y el golpe no pudo ser suficiente como para que se despegue fue a sólo 50 Km/h.

Así, Jaguar abandonó el circuito haciendo una muy mala carrera pero siendo protagonistas absolutos del GP dato de color: los dueños de la piedra soltaron a 10 Dóberman homicidas muy bien entrenados para capturar al que se le ocurrió la idea de poner los diamantes en la nariz de un auto en el circuito de Mónaco…

 El diamante nunca más apareció… ¿Se lo quedó un marshall? ¿Klien? ¿los fotógrafos? Jamás se supo. El seguro se hizo cargo del resto: igualmente, la película recaudó más de 362 millones de dólares…

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